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martes, 30 de abril de 2013

Charlas con Paco Tella: El chivo expiatorio (y III)

Ángel no se fiaba de Sonia. La creía capaz de disimular que se estaba ahogando con tal de ahorrarle molestias. Daba igual que ellos fuesen familia, que tuviesen tanta confianza. La vio avanzar por el pasillo del autobús, aparentemente segura pero la experiencia le había enseñado que aquello no se notaba hasta que era tarde. Cuando el vehículo arrancó, tuvo que dar media vuelta. Miró el reloj, dentro de tres cuartos de hora su sobrina estaría en casa, hasta que no hablase con ella no iba a quedarse tranquilo.
Pero exageraba. Sonia es más sensata de lo que él cree, nunca se le ha ocurrido jugarse el tipo por mucha vergüenza que le dé confesar que se está ahogando. Y ella mejor que nadie sabe cuándo ocurre esto y lo que tiene que hacer. Si ahora está a bordo, dejándose llevar por la música que recibe de los auriculares, es porque el inhalador le ha hecho efecto. Nota el aire fresco pasar por la tráquea sin obstáculos, siente la energía que le aporta, disfruta de una serenidad que para ella, al contrario que para la mayoría de la gente, es un auténtico lujo. Escucha un rasgueo de guitarras mientras el paisaje, como un borrón negro, se aleja a toda prisa hacia atrás. La noche no le permite ver gran cosa pero eso estimula su imaginación, solo el olor del estiércol pone la nota desagradable. Aunque un acceso de tos la pone en guardia, no es el viento de fuera lo que huele sino un humo que siente como papel de lija, su pecho ahora parece una jaula de grillos, los silbidos aumentan al mismo tiempo que su ahogo. Vuelve la cabeza con rabia y ve a un pipiolo en la última fila con un cigarro en la boca. Le mira fijamente pero no parece que vaya a inmutarse ni aunque le caiga el techo en la cabeza.
-Está prohibido fumar aquí.
Varios pares de ojos pasean por su cara como si mirasen el aire.
-Oye, ¿quieres hacer el favor de apagar el cigarro? Soy asmática y no aguanto el humo.
-Nadie está fumando, señora.
- Y eso ¿qué es?
El chaval tiene el detalle de esconder el pitillo. Debía imaginar que era invisible, lo malo es que ahora, a poco que se descuide, puede provocar un incendio.
-¿Vas a apagarlo o no?
-Pero ¿el qué?
Ya no aguanta más, se está quedando sin aire y por tanto sin voz. Están parados en un semáforo rojo, el conductor se levanta y echa una reprimenda a los del fondo. El aire por allí está limpio, al haber actuado rápido no ha habido tiempo de que se ensucie todo el autobús. Sonia encuentra un asiento libre y se sienta. Junto a ella, un hombre con pinta de adolescente eterno suelta una risita entre dientes.
-Y tú ¿de qué te ríes? ¿Eh?
El otro, sin apenas despegar los labios, le suelta una retahíla de marcas.
-¿Qué quieres? Tengo de todo: tranquilizantes, antidepresivos, ansiolíticos.
Angustiada, mira a todos lados buscando cómo escapar. Él entonces se vuelve y repite lo mismo a gritos. Los de atrás le jalean, escucha risas, silbidos e insultos. No se atreve ni a volverse.
-Y agradece que no te saque del asiento. Vosotros, ¿qué decís? ¿la echo a patadas o no?
 El resto del viaje juega a acercar un cigarro a una cerilla encendida, cuando parece que va a prenderlo, lo retira y vuelve a empezar. Se ríe muy ufano, debe creer que ha tenido una idea la mar de graciosa. Sonia mira por la ventanilla del lado izquierdo, no quiere arriesgarse a cruzar la mirada con él. Parece que ya están llegando.
-Yo no soy malo ¿sabes? Pero cuando son malos conmigo me pongo rabioso. Haber sido buena, pero como no lo has sido, ahora te aguantas.
Un grupo de chicas pasa hacia la salida y se les quedan mirando. No entienden nada, pero tiene la impresión de que es a ella a quién echan la culpa.
Su compañero de asiento sigue perorando como un perro rabioso. Ha llegado a su parada pero no se atreve a hacer el menor movimiento hasta que no se despeje la puerta. En cuanto ve vía libre, llega hasta allí de un salto y se baja. Mientras, aún alcanza a oír la voz de otro chico.
-Por fin, te has librado de ella. ¡Menos mal!
Cuando Sonia acaba su relato nadie se atreve a opinar. Sigue tan abrumada como al principio y ahora entendemos por qué. No queremos echar más leña al fuego, mostrar indignación la hundiría aún más, pero todos estamos pensando en escenas de otras épocas, otros contextos, que creíamos borrados para siempre.
Solo Paco se atreve a murmurar:
-Y yo soy tan gilipollas que voy y me quejo. Como si me pasara algo.

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domingo, 28 de abril de 2013

Charlas con Paco Tella: El chivo expiatorio (II)

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Dio la impresión de que no le quedaba aliento. Llenó su vaso con el agua que quedaba en la jarra y se pasó un pañuelo por la frente.

-¿Alguien quiere café? -Propuso Paco.

-¡Claro! Todos. –Replicó Cris mientras retiraba los platos sucios- Ya está hecho. Trae las tazas y sírvelo, anda.

-¿Estás bien? –pregunté a Sonia. Se la veía muy pálida y parecía haberse quedado sin fuerzas.

Pili, que estaba a su lado, le echó un brazo por los hombros.

-Paco, ¿vienes ya? -Cristina se acercó a la ventana- Voy a abrir un poco que hace mucho calor aquí. –Subió el estor con brío- Venga, ¿estamos todos ya?

-¿Mejor? –Paco, que entraba con la bandeja, dejó otra jarra llena junto a Sonia.

-¿Qué pasó después?

Sonia resopló y se llevó la taza a los labios.

-No sé cómo puede haber gente tan estúpida en el mundo.

-¡Uy! Si yo te contara… -interrumpió Paco.

-¡Calla! –terció su mujer.

-Pues nada, que querría contarle a mi tío que Luis y yo tampoco lo llevábamos muy bien, que estaba pensando en echar todo por la borda pero me estaba costando dar el paso. Le daba vueltas a todo eso mientras esperaba a que saliese, y no me estaba fijando en nada más. Entonces fue cuando vi a esos payasos al otro lado del cristal, haciendo visajes y descojonándose. Les di la espalda pero uno salió a preguntarme, con toda su jeta, por qué había salido corriendo.
-¿Hablas de los camareros?

-Sí, sí, los putos camareros.

Pensé que no parecía la misma Sonia que se había sentado a la mesa un rato antes. Ahora estaba reviviendo la escena y descargaba toda la rabia que tenía dentro. Guardaba más sangre en las venas de lo que parecía a primera vista.

-Contesté que le que preguntase a mi tío, que todavía estaba dentro del bar. Pero siguió insistiendo como si estuviese obligada a darle explicaciones. Fui tonta haciéndole caso. Le dije que me hacían daño los líquidos-

“-¿Qué líquidos?

“Me interrogaba con una altanería y un aire chulesco que, por supuesto, no estaba dispuesta a soportar.

“-El detergente que tenéis encima de la mesa. Soy asmática y me ahogo al olerlo. ¿Tienes algo que objetar o es que crees que tengo que pedirte permiso para salir del bar cuando me plazca?

“.No. Si… Yo…

“-Y tus compañeros ¿de qué se ríen? Vaya pandilla de memos que sois.

“-Perdone, señorita. No es que se rían. Bueno, se ríen, pero en el sentido…

“Encima palurdo –pensé.

“-¿En el sentido? ¿De qué sentido hablas? ¿De la falta de respeto? ¿De la estupidez? ¿De molestar a gente que no os ha hecho nada? Mira, no quiero seguir hablando, seguro que no te importa pero esta movida está afectando a mi salud. Entra de una vez, diles a esos que dejen de reírse de lo que no entienden y déjame en paz, haz el favor.

“Cruzó la puerta de un salto, parecía un conejo asustado, no se esperaba que fuera a plantarle cara, tampoco que fuésemos gente normal, supongo, aunque sigo sin imaginarme qué les pudo pasar por la cabeza. Le vi hablar con sus compañeros, me fijé en cómo se ponían serios de golpe. Cuando se lo conté a Ángel me dijo que le habían pedido disculpas. Por el malentendido, dijeron. Él no contestó, no tenía ni idea de lo que le estaban hablando.

“Pero a esas alturas ya estaba tocada. Me había alterado tanto que apenas podía andar, me ahogaba, tuvimos que parar varias veces. Me eché el inhalador a la boca pero apenas me hizo efecto. Ángel estaba dispuesto a llamar al Samur, como había tenido que hacer tantas veces, para mi familia es casi una rutina ya. Íbamos los dos muertos de frío, apenas quedaba nada abierto y yo tenía que sentarme. También, y a ser posible, entrar en calor. Después de muchas paradas, de temer, una vez más, que no iba a ser capaz de salir viva de aquello, conseguimos llegar a la estación. Ángel quería llevarme al hospital o a mi casa, dónde fuera, pero yo era partidaria de esperar un poco. Nos sentamos en un banco del andén y, cuando llegó mi autobús, ya estaba bastante repuesta, así que subí sin escuchar las protestas de Ángel ni casi mirarle cuando me despedía para no ver su cara de preocupación.

Se oyó a Paco, tan práctico como de costumbre:

-¿Moraleja?

-Espera, –reclamó Pili- todavía no ha terminado.

-¡Ah! Pero, ¿todavía hay más?

-¿Qué si hay más?

(Continuará)

viernes, 26 de abril de 2013

Charlas con Paco Tella: El chivo expiatorio (I)


Se acercaba un puente de cuatro días y me preguntaba cómo aprovecharlo. La semana anterior había acabado un guión de lo más tortuoso y me había quedado sin ganas de escribir una sola línea en todo lo que quedaba de mes, había puesto mis lecturas en barbecho hasta nueva orden, como estaba lloviendo a cántaros, recorrer a pie la montaña visitando sus pueblos y pasar penalidades no me convencía nada, entonces llamó Pili y me propuso que visitásemos a Paco, podía alojarme en su casa si ellos no tenía sitio. Ya conocéis a Pili, es una vecina de mi antiguo barrio, ciega de nacimiento o casi, con la que solo he hablado un par de veces. Me han dicho que no ha vuelto a comprar un libro mío desde que maté al protagonista de un relato en la última frase y a traición. Esta vez, tenía un plan.

-Te necesito, Molina. Una amiga mía quiere conocer a Paco y como tienes confianza con él…

-Más que nada, soy amiga de Cris. Puedo preguntar si tienen libre alguna tarde del puente.

Tenían. Y nos invitaron a empanada casera, una de las especialidades de Paco. La amiga de Pili se llamaba Sonia, lo único que entendí de todo lo que me contó esa tarde. Que si tenía movilidad reducida, que si no dejaba de llorar…

No sabía lo que iba a encontrarme.

-¿Es que va en silla de ruedas?

-¿Qué? No, no.

Su caso, según dijo, era muy parecido al de Paco, por eso quería que hablasen. Hace poco se había sentido tan vejada que no se levantaba ni para comer. Le daba igual perder el trabajo, le daba igual todo.

-Su novio le ha dicho a su jefa que tiene la gripe.

-Pero ya no es época de gripes.

-Ya. Poca imaginación que tiene el muchacho.

-Y se lo ha tragado.

-Parece ser.

El salón de Paco aparecía cuajado de guirnaldas y empapelado con pancartas en las que se leía “Todos se pelean por un papi como el mío” “Queremos hacerte feliz” “Por ti se inventó el día del padre” y frases por el estilo. Los niños acababan de representar una obra y estaban desmontando el escenario. Junto a nosotras tres pasaban cortinas, un guerrero con bigote, una princesa con capirote, una torre de cartón, una escalera forrada de fucsia, arbolitos de plástico, nubes de algodón azul. Mientras esperábamos que se apaciguase todo aquel revoltijo, nos sirvió sangría el abuelo. Luego reunió a los chicos, se aseguró de que no les quedase ni un churrete y se los llevó al cine con un paso tan marcial que, se diría, capitaneaba un regimiento.

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-Sentimos interrumpir en un día como este.

Paco se pasó la manga por la frente.

-¡Ya venía bien un respiro!

-Estos ratos acaban agotándole, –intervino Cris- por eso os citamos para hoy. Habéis sido una coartada estupenda.

-Pero tu padre…

-Hoy también es su día. Está encantado de llevarlos por ahí. Un día por otro, casi nunca encontramos la ocasión.

Cris fue sirviendo los trozos de empanada que, por cierto, estaba de muerte y, en cuanto empezaron a funcionar los tenedores, dejamos hablar a Sonia.

-No sé cómo empezar, –empezó- es como si me sintiese culpable. Por nada, la verdad. Hace unos días quedé con mi tío Angel, fuimos a una tasca del centro, una de mala muerte porque estaba todo a reventar. Tomamos unas cervezas y unos pinchos.

Sonia tiene el pelo muy lacio, muy rubio y muy achicharrado  por el sol. Me fijé en sus ojeras azuladas, en que apenas probó bocado, en su expresión de derrota y sus hombros caídos. Al verla, no cabía duda de que la depresión le estaba clavando los garfios.

-Mi tío quiere separarse porque su mujer le… Bueno, eso da igual. Está decidido pero no se atreve a enfrentarse a mi padre, que es muy conservador y un poco intransigente. Ángel es el pequeño y siempre nos hemos llevado bien.

Cuatro pares de ojos la miraban. La única que sabía de qué iba el asunto era Pili, también la única que apenas podía verla.

-Yo también tengo hipersensibilidad a los químicos. Como tú, Paco. La verdad es que aún no me lo explico. Estábamos enzarzados en lo del divorcio, cuando Ángel se paró y dijo: “Ve saliendo rápido que ya me encargo yo de pagar. Estos han sacado los botes

“Miré y vi un espray lleno de líquido azul sobre la mesa más cercana a la puerta y a un camarero con guantes de goma y un trapo que estaba a punto de agarrarlo. Cogí el bolso y la chaqueta y eché a correr tapándome la boca. Ya he estado en urgencias muchas veces por lo mismo y no estoy dispuesta a comprobar si el producto tiene cloro o no tiene.

Miró fijamente a Paco.

-Supongo que sabes lo que es un bronco-espasmo.

-Demasiado bien. Sigue.

-¿También tú has ido al hospital?

Paco puso su mejor cara de guasa.

-Como todos, miles de veces, hasta que aprendí cuándo hay que irse corriendo de los sitios.

-Pues eso. Salí a toda prisa con la pasmina por delante y Ángel se quedó como alelado, parecía que rebuscaba en la cartera pero en realidad estaba dando vueltas a lo que habíamos hablado y así pasó diez minutos. Mientras fuera me estaban machacando entre todos, él seguía allí, en Babia.

“Me asomé por una ventanita que daba a la barra y le vi al fondo, cabizbajo. Al otro lado, justo enfrente de mí, cuatro camareros me hacían gestos de mal gusto y se partían de risa. No lo entiendo, la verdad.

Paco se había puesto serio.

-¿Cuántos años te lleva tu tío?

-No sé, unos quince.

-Pues te puedes imaginar, cualquier guarrada se les pasaría por la cabeza. Hay gente que tiene la mente muy sucia.

-Pero éramos un tío y una sobrina hablando de sus cosas. No lo puedo entender.

-Sonia, es que los tíos se aburren mucho. – Terció Cris.

(Continuará)

Si quieres saber más sobre enfermedades respiratorias, entra en Forumclinic. Tienen un foro y mucha información.

miércoles, 24 de abril de 2013

EPOC y nutrición

Para los lectores del blog que padezcan esta patología, he encontrado las recomendaciones de una web realizada por nutricionistas, que me ha parecido muy interesantes y didácticas.

De paso, compañeros, decidme qué os parece este rincón divulgativo sobre enfermedades respiratorias. Vale para todos, pero me dirijo especialmente a aquellos que les afecta, bien directamente, bien porque lo padece alguien cercano. Si es que alguno me sigue. Me consta que sí, así que, por favor, asoma las orejitas y manifiéstate ;)
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EPOC, ¿qué es y cómo tratarlo?
¡¡Buenos días!! Hoy os traemos una nueva patología, referente a uno de los órganos más importantes de nuestro organismo, los pulmones.



¿Qué afección trataremos hoy? ¿Tiene relación un tratamiento dietético con los pulmones? Todas las respuestas a estas preguntas, y a más, las veremos con el EPOC o enfermedad pulmonar obstructiva crónica.



Empezaremos por partes, ¿Qué es el EPOC?



Es una enfermedad muy común de los pulmones que cursa con dificultad para respirar. Dentro de la enfermedad encontramos 2 formas principales:
§ Bronquitis crónica, que implica tos prolongada con moco debido a una dilatación de las glándulas bronquiales.



§ Enfisema, que implica la destrucción de los pulmones con el tiempo al ensancharse los alveolos y destruirse sus paredes.



Ambos términos están obsoletos. Por ello, la OMS los englobó dentro del diagnóstico de EPOC, ya que la mayoría de los pacientes van a presentar las 2 afecciones.



La causa principal de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica es el tabaquismo. Cuanto más fume una persona mayor probabilidad tendrá de desarrollar EPOC.
Otros factores de riesgo que predisponen a EPOC son:
§ Exposición a ciertos gases o emanaciones en el sitio de trabajo.



§ Exposición a cantidades considerables de contaminación o humo indirecto de cigarrillo.



§ Uso frecuente de gas para cocinar sin la ventilación apropiada.


Muchas personas tienen EPOC pero no lo saben y no están diagnosticadas en las primeras fases de la enfermedad, hay que hacer hincapié que se trata de una enfermedad que puede resultar mortal.
Los principales síntomas de la enfermedad que podemos ver en el paciente son tos, con y sin mucosidad, fatiga, infecciones respiratorias recurrentes y dificultades respiratorias.
Ahora os preguntareis, ¿tiene tratamiento nutricional?
La respuesta es sí. Aunque sea una afección pulmonar, la alimentación es muy importante en esta enfermedad. De hecho, uno de los síntomas que pueden llegar a presentar estos pacientes es una desnutrición, la cual seasocia con un deterioro de la calidad de vida y con un aumento de la morbilidad y de la mortalidad.
La desnutrición actúa como un factor de mal pronóstico independiente de la función pulmonar. Por otra parte, los enfermos con EPOC más avanzado tienen un mayor grado de deterioro nutricional y el índice de masa corporal es el parámetro que mejor se correlaciona con ese dato.
Las principales causas que van a ser responsables de la malnutrición son:
§ Aumento de gasto energético. Se han determinado aumentos de gasto energético en reposo del 10 al 20%. Entre las causas estarían un incremento del trabajo muscular respiratorio, el efecto de algunos fármacos y un aumento de las catecolaminas endógenas y de diversas citoquinas plasmáticas.



§ Respuesta inflamatoria sistémica. Por producción de citoquinas aumentadas (sustancias que intentan defender al organismo de agresiones externas, pero agreden al propio organismo), especialmente el factor de necrosis tumoral (TNF).



§ Medicación. Sobre todo por los corticoides que producen un aumento del catabolismo proteico.



§ Alteraciones gastrointestinales. Problemas de masticación y deglución por disnea durante la ingesta, pérdida del gusto por la respiración oral, disminución de la apetencia por los alimentos, disminución del llenado gástrico por hiperinsuflación pulmonar y aplanamiento diafragmático, efectos de los fármacos.



§ Comorbilidad. Presencia frecuente de otras enfermedades que afectan al estado nutricional.
Por consiguiente, la malnutrición va a ocasionar una disminución de la función muscular por pérdida de fuerza en los músculos respiratorios, en los intercostales y en el diafragma con alteración del centro respiratorio y de la estructura pulmonar, además de depresión del sistema inmunitario, lo que facilita la aparición de infecciones respiratorias.
Las características en esta población son muy diferentes al resto y todo tratamiento dietético debe ser personalizado:
§ Energía, entre un mínimo de un 10% y un máximo de un 40% (este caso con corticoides o infecciones) por encima de las necesidades de una persona de sus características sana. Un mayor aporte energético puede ser perjudicial.



§ Carbohidratos, de un 40 a un 50% del valor calórico total. Mayores porcentajes pueden ser perjudiciales al incrementar la producción de CO2.



§ Lípidos, de un 35 a un 45% del total energético. En caso de ser necesarios aportes energéticos altos puede hacerse a expensas de un aumento en el porcentaje de grasa sin sobrepasar el 50 - 55%.



§ Ácidos grasos omega 3, es recomendable una ingesta regular de los mismos equivalente al consumo de pescado graso (pescados azules) de al menos dos veces por semana. Estos ácidos grasos modulan la producción de mediadores responsables de la inflamación y de la broncoconstricción.



§ Proteínas, alrededor de 1 a 1.5 gr/kg de pesodeseable al día.



§ Líquidos y sodio, en general, restricción moderada de sodio y cantidades normales de líquidos. En caso de edema severo o de insuficiencia cardíaca grave es necesaria una restricción mayor de sodio y también de líquidos.



§ Antioxidantes, considerar su aporte suplementario.



Las recomendaciones a nivel general son
§ Realizar 5 ó 6 comidas, no muy abundantes, al día. Es preferible repartir más la comida para evitar el cansancio mientras se come. Comer despacio y masticar bien.



§ No se debe tomar los alimentos ni muy calientes ni muy fríos. Las temperaturas extremas pueden causar tos.



§ Evitar los alimentos que puedan producir reflujo o gases.



§ Es conveniente comer pescado, preferentemente graso, al menos 2 ó 3 veces por semana.



§ Debe tomar varias raciones diarias de verdura y fruta.



§ Beber abundantes líquidos (si no es necesaria su restricción). Mejor fuera de las comidas para no favorecer la sensación de saciedad.



§ Tomar poca sal. El grado de restricción será de acuerdo con la indicación del personal médico.



§ En caso de no conseguir un aporte nutricional suficiente con alimentos naturales por vía oral, podemos recurrir a los suplementos de preparaciones comerciales de alta densidad energética y proteica en poco volumen.
Es muy importante en toda patología individualizar la dieta, ya que no todos los pacientes van a ser iguales. Como vemos, con una enfermedad pulmonar también es importante seguir una buena alimentación para mejorar la salud.
Realizado por Jorge Ibarra

Puedes leer el artículo aquí

lunes, 22 de abril de 2013

Los árboles azules 19: ¿Cómo desenredar esta madeja?

-La chavala casi se muere del susto- Comentó Sabino como si aquello no fuese con él. –Ve en el espejo un fantasma negro y piensa que, una de dos, o se ha vuelto tarumba o está en peligro de muerte.
Aquella cháchara suya me estaba exasperando. Parecía importarle un bledo haber aterrorizado a Auko cuando tranquilizarla le hubiese costado bien poco. Es más, se creía gracioso el muy imbécil.
-Extraterrestre, fantasma, gato… Eso es lo que me llama ella.
-No te pareces a él. – Y eché una ojeada al minimo que, pegado a la pata de la mesa donde, no le cabía duda, había un plato lleno de gambas, parecía el monumento a la paciencia.
-Lo dice por mis ojos. ¿Ha visto? Son verdes y amarillos, él en cambio los tiene marrones. Parece más humano que yo.
¡Menudo papanatas! (No había vuelto a escuchar la palabra desde el principio de los tiempos, pero le cuadraba mejor que cualquier otra).
-Yo creo que te va mejor lo de fantasma.
Soltó una risita de conejo.
-No se enfade conmigo que ya me pongo serio. ¡Va!
Entonces fue cuando dejó el plato de gambas casi lleno a disposición de Mancha, que solo tuvo que subir a la silla y zampárselas. Ya ni me fijaba en él, dirigí a Sabino lo más aprisa que pude a las butacas de la sala y allí nos sentamos, frente a frente, para que soltara lo que tuviese que decirme.
-Auko parecía la mujer al borde de un ataque de nervios, como en la peli de Almodovar. ¿Se acuerda? Bueno, bueno… Seriedad. Es que, verá, no es nada fácil contarle esto. Intenté tranquilizarla pero ya no podía más la pobre. Me senté con ella, la acaricié el pelo, nos besamos, me bebí todas sus lágrimas, y la tuve abrazada tanto tiempo que nos quedamos dormidos. Cuando nos despertamos ya se había serenado y sonreía.
-Esto es un disparate. ¿Sabes por qué hace Auko todas esas locuras?
-Según Julio porque está enamorada de su padre, pero no creo que Bernardo tenga mucho que ver en todo esto. Ella es así, aventurera y nómada, no le gusta estarse quieta, aborrece la tranquilidad, una vida estable le aburriría mucho y busca pretextos para escaparse. No podía imaginar que existiese alguien así. Me tiene hechizado, en serio.
-Así es ella, es verdad. Pero…
-La habitación estaba a oscuras y no encendimos la luz. No hacía falta, me guiaba por el brillo de sus ojos y no se despegaban de los míos.
“-¿Cómo me has encontrado? -preguntó.
“-No he tenido que hacerlo, cariño. Yo fui el que te traje.
“-¿En serio?
“-¡Pues claro! ¿Quién si no? La policía te hubiese enchironado ya, y aunque solo fuese en aquel caserón siniestro no tendría ninguna gracia, Bernardo está enjaulado, sus hijos son demasiado jóvenes, a tus compañeras les importas un pito, tus padres no saben de la misa la media, esa amiga tuya…
“-¡Vale! No sigas. Tienes razón.
“-Ahora tengo que contarte quien soy.
“-El chofer de la policía, ¿no?
“-Jajaja. Y Bernardo el dueño de una fábrica de sombreros. ¡No te digo!
“-No es…
“La chica estaba cada vez más confusa, me pareció que arrancaba otra vez a llorar. Tenía que tranquilizarla del todo para que empezase a comprender el asunto.
“-Sí, cielo. Eso también. Siempre destacó en manualidades, de chico fue a una escuela de artes y oficios. Allí aprendió corte. O diseño. Algo así. Y ese es su trabajo, con algo tiene que echar de comer a las dos fieras.
“-¿Entonces?
“-Lo primero, decirte que esta casa es segura, no me perdonaría que te quedases muerta de miedo otra vez. Es de unos amigos que han estado viajando, pero vuelven mañana y están al tanto de todo. Ahora tienes que compartirla con ellos. En realidad, ellos contigo, pero no les importa.
“-¿Qué amigos? Creo que prefiero irme.
“-Eso es una estupidez. Piénsalo.
“-Puedo manejarme sola... ¿Y tú eres amigo de Bernardo? Pareces mucho más joven.
“-Lo soy. Tengo diecisiete años menos. Soy el hijo perdido y hallado. El otro.
“-No me gusta que me tomen el pelo. ¡Déjame en paz!
“-Es la pura verdad, te lo juro. Y no me ha gustado nada tener que decírtelo tan pronto, preferería haber hablado de la amistad que tenemos pero me has hecho una pregunta y no quiero mentirte. Cálmate y vamos a lo importante, no me puedo quedar mucho tiempo. Hablábamos de quien es Bernardo en realidad.
“-Puede que ya lo sepa, a no ser que alguien me haya contado un cuento. ¿Vas a confesarme algo increíble?
“-Imposible de creer.
“-¿De pirados?
“-De pirados de novela.
“-¿De ciencia ficción?
“-No puede ser. ¿Tú con quién has hablado, Auko? No sabes lo peligrosa que puede ser esa gente. Apártate de ellos, no se te ocurra hablar con nadie…
“… ¿qué no seas tú? ¿Y por qué en ti sí puedo confiar? Ya no vas con la policía, no te conozco de nada, nunca he oído hablar de ti ni a Rosana ni a Agosto.
(Continuará)

sábado, 20 de abril de 2013

Los árboles azules 18: La visita


Mi azotea se había llenado de gorriones que avanzaban a saltitos, tan campantes, no me tenían ningún respeto los muy sinvergüenzas. Y lo peor es que tampoco se lo tenían a Mancha, un gato tan indolente que a veces echaba la zarpa, de costado y medio dormido, sin molestarse en girar la cabeza para saber quien correteaba a su alrededor. Daba la impresión de que le estaban haciendo pedorretas. Los gorriones a Mancha, claro. Esos días de primavera, con el antepecho recalentado por el sol, pasaba las horas echado panza arriba y ni el insidioso aleteo de las mariposas lograba inmutarle, lo único que no perdonaba era la comida. Eso jamás, iba contra su religión. Y yo mirándolo todo y sin poder contener la risa. Comprendí que la invasión de mariposas y pájaros, así como la placidez de Mancha, eran claros augurios de que Auko, tras tanta peripecia absurda, se encontraba a salvo por fin.
 
Me acodé en la barandilla a contemplar la playa desierta. La verdad es que estaba abarrotada. Aunque no se divisase un alma, centenares de gaviotas formaban, al borde del agua, una extensa cinta de varios metros de largo y tan ancha que sus extremos eran inabarcables. Luego entré en casa, saqué una sardina de la lata que tenía abierta en la nevera, sacudí un poco el aceite en el fregadero y se la pasé al gato por las narices, a ver si así se le pasaba la modorra.
Justo cuando abrió el primer ojo, de forma tan súbita y completa que parecía hubiese pulsado el interruptor de la luz, sonó el teléfono. Entendí que me llamaba un tal Sabio pero resultó ser Sabino, también conocido como el chofer, el poli novato, el extraterrestre y otros apelativos que no recuerdo, y que resultó ser amigo íntimo de Bernardo, el secuestrado y causante de todo aquel embrollo. Me soliviantaba con solo mencionarlo. Contra el muchacho que estaba al otro lado del hilo no tenía nada, sí en cambio contra aquel malnacido seductor de pacotilla que estaría empotrado hasta las cejas en vaya usted a saber qué turbios asuntos y que le había sorbido el seso a la pobre Auko. Lo que entonces no podía sospechar es que las tornas estaban cambiando, que ahora era esa voz quien la camelaba, más que la otra al menos. Aunque es muy probable que en esos días ni siquiera ella supiese muy bien por donde tirar ni imaginase siquiera lo enamoradiza que podía llegar a ser.
El chico estaba impaciente:
-Estoy cerca de su casa, ¿puedo ir a verla ahora mismo?
-En este momento, imposible, estoy hasta las cejas de trabajo urgente. ¿el jueves te parece bien?
Quede claro que no suelo mentir, y menos con ese descaro. Hasta la mirada que me lanzó Mancha parecía un reproche a mí desfachatez, pero necesitaba ganar tiempo y, sobre todo, sondearle.
-Pero eso es dentro de una semana. Todavía estamos a viernes.
Parecía tan decepcionado que empecé a sentir pena por él, pero aún me mantuve en mis trece unos treinta segundos más.
-¿Y?
-Que esto es un lío de mil demonios, Molina. Necesitamos ayuda. O mejor, los consejos de alguien sensato y, por lo que sé, Auko confía en usted más que en nadie.
Total, que esa noche Sabino cenó conmigo en la azotea una tortilla de patatas con cebolla y gambas al ajillo, la mayor parte de las cuales acabaron en el estómago del gato que, con tanta guindilla, no sé cómo no explotó.
(Continuará)