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sábado, 10 de diciembre de 2016

Feminizar la política

"Cuando a las personas se nos coloca en estratos y no en eslabones todos salimos perdiendo"
Gloria Steinem

Hace pocos días se formó en los medios de comunicación una de esas tormentas cíclicas, basadas en declaraciones de personajes con proyección social, que al periodismo tanto le gusta provocar. En este caso, el político en cuestión había declarado que incrementar el número de parlamentarias estaba muy bien, que era necesario pero no suficiente, que lo urgente ahora, además de esto, era feminizar la política.
Como pueden imaginar, la demagogia más rastrera se cebó con la frase en cuestión, con quien la emitió y, naturalmente, con el partido que representa. Periodistas conchabados con el gobierno, representantes de este, y prácticamente todos los que no comulgan con las siglas del interviniente fingieron que no habían entendido el mensaje, le dieron la vuelta como si fuera un calcetín y ofrecieron al público una interpretación machista diametralmente opuesta, tanto en espíritu como en letra, de aquellas afortunadas palabras.
Y las considero afortunadas porque representan lo realmente esencial, no solo del feminismo sino de cualquier humanismo que se precie de tal, porque solo su puesta en práctica representaría un verdadero avance social y porque hicieron tanta pupa a los oponentes que tuvieron que esforzarse a conciencia para que el mensaje no obtuviera el éxito que, sin duda, tendría asegurado de no ser por su torticera interpretación.
Feminizar la política significa que no solo las mujeres accedan a los puestos ocupados hasta hace poco por hombres, sino que el papel de cuidadoras, mediadoras, etc. que tenemos reservado hasta ahora sea patrimonio de todo el mundo. Se necesita, sin más pérdida de tiempo, una conciencia solidaria, una empatía, un humanismo, una forma de ver la vida más pacífica, no tan economicista y utilitaria, y eso lo traemos nosotras de serie, no porque lo llevemos en los genes -aunque convenga y se intente hacernóslo creer- sino porque se nos ha inculcado desde que estábamos en el vientre materno para que al crecer nos convirtiésemos en ese canal de apoyo y ayuda que está dispuesto a volcarse y hacer sacrificios sin pedir nada a cambio, y que tan conveniente resulta a los grupos humanos de cualquier tipo, complejidad y dimensión.
Que los varones se eduquen en unos valores diferentes, que dejen de primar la codicia y la violencia, nos convertiría en más igualitarios, la sociedad se volvería menos convulsa, más pacífica y empática, menos jerárquica, más respetuosa, menos materialista, más centrada en los seres humanos.
¿Hay algo de malo en esto?
Lo único malo es que levanta ampollas en los que temen que el ciudadano de a pie capte el mensaje y comience a considerarlo. Se trata de un mensaje pacíficamente revolucionario pues pone en cuestión muchos de los fundamentos sociales que desestabilizan la convivencia para beneficiar a los cuatro privilegiados de siempre. Muchos intereses creados se tambalean con un planteamiento así, pero la inmensa mayoría nos beneficiaríamos de sus consecuencias. Por eso había que poner el grito en el cielo desde la primera décima de segundo y tergiversarlo antes de que penetrase en la conciencia de la gente.
Existe una línea invisible que separa lo tradicionalmente considerado femenino de su homólogo masculino. Esto último se beneficia de su propia agresividad por una parte y, por otra, de la predisposición a ayudar del sexo contrario que la humanidad ha venido sembrando en sus mentes desde los comienzos de las civilizacioens. Mandatarios versus servidoras, violencia masculina en contraposición a una pujanza femenina orientada a servir a los demás. El crimen perfecto, sí, pero también el caldo de cultivo para gran parte de los desastres que afectan a todos los seres humanos. Modificar esto supondría un gran paso adelante pues solo de esa forma sería factible eliminar las ventajas de unos pocos en beneficio de todos los demás.
Como explica la activista norteamericana Gloria Steinem en su último libro publicado en España:
“… empecé a comprender que las mujeres también éramos un exo-grupo. Esa constatación despejó misterios como el de por qué el rostro del Congreso era masculino y en cambio el de la asistencia social era femenino: por qué a las amas de casa se las denominaba “mujeres que no trabajan” pese a que trabajaban más tiempo, más duro y por menos dinero que cualquier trabajador; por qué las mujeres llevaban a cabo el setenta por ciento del trabajo productivo del mundo, remunerado y no remunerado y, sin embargo, solo poseían el uno por ciento de las propiedades; por qué masculinidad era sinónimo de liderazgo y feminidad era sinónimo de seguir el extraño baile de la vida diaria."

Mi vida en la carretera, Gloria Steinem - Editorial Alpha Decay, 2016 (Pag. 88)

4 comentarios:

  1. Muy acertado tu post desde mi punto de vista, no pararán hasta que desaparezca la nueva ola de ideas, hasta se han conchabado los dos partido de siempre para hundir a lo nuevo...es lo que hay, ¿Cómo es posible que la mayoría no lo note?. Y lo que es peor, no solo no se está feminizando la política sino que se está masculinizando por expresarlo de alguna manera a las mujeres, sutilmente, como todo. Así, ni cambio climático, ni derechos, nada, eso es lo que estamos encaminados a conseguir si seguimos la política del miedo. Un saludo.

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  2. Hola Maru. Tienes razón, se les llena la boca con la palabra "democracia" y esto cada vez se parece menos a esa idea. Si se manipula a la gente, el voto no tiene ningún sentido, si no se permite la libre expresión y manifestación porque se ha aprobado una ley que, en definitiva, es una mordaza en la boca de todos, no nos queda ninguna otra vía, si quien manda en un país ni siquiera es la gente a la que se ha votado sino mandatarios de otros lugares, ya me contarás qué farsa de democracia es esta.
    Pero, además y por si esto fuera poco, nosotras estamos al margen del margen, se pretende que no nos demos cuenta pero solo hay que mirar a nuestro alrededor, mirar con las gafas de ver.
    Saludos

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  3. Estoy tan de acuerdo en todo lo que expones que no me queda mucho por añadir.

    Lúcido e interesantísimo post. Ojalá fuera lectura obligatoria en las escuelas, porque está volviendo a campar a sus anchas entre los jóvenes un machismo rancio que creíamos eliminado.

    Lo que más me desespera es el poder que tienen los medios, en manos de cuatro, de manipular impunemnte a la mayoría.

    Ese poder lo ejercen para acabar con la ilusión de una manera distinta de hacer política. Y lo hacen sin pudor y sin disimulo. ¿Por qué no reaccionamos y nos rebelamos?

    Se me ocurre partiendo de la idea de la famosa frase de Churchill "...nunca tantos debieron tanto a tan pocos"

    Que nuestras generaciones futuras se pregunten:

    Cómo fue posible que tan pocos pudieran despojar de todos sus derechos y manipular a su conveniencia a tantos.

    Mi desencanto en el ámbito de la política es total...No comprendo a los votantes, me cabrean...

    Las mujeres siempre hemos contribuido de una manera especial a que la Humanidad avance...

    Las mujeres no sólo somos mayoría sino que estamos mejor preparadas, somos más valientes, resistentes y nos adpatamos mejor a cualquiere cambio...

    Lo malo es que gran parte de las mujeres que se dedican a la política tratan de imitar los comportamientos de sus compañeros varones y, como imitadoras, los superan.

    A ver si despertamos, somos más y tenemos razón.

    Un beso,

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  4. Nada que añadir, Tesa, es como dices. La democracia desinformada no es democracia sino manipulación pura y dura. Probablemente ya no es el momento de elegir personas sino actitudes políticas: ¿Vota por que suba el IVA? ¿Vota por que se congelen las pensiones? ¿Vota para que las empresas no puedan trasladarse al Tercer Mundo? Y, por supuesto, nada de gastarse ese dineral en las urnas. En pleno auge de internet ¿qué es eso de que la gente tenga que salir de casa con lo que cuesta? (a los votantes en esfuerzo y a los contribuyentes en pasta). A golpe de ordenador, y el que no lo maneje (que serán cuatro y con el tiempo no quedará ni uno), ese sí, que vaya a su colegio electoral.

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