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sábado, 18 de marzo de 2017

Escritor, antes de tomar la pluma piensa sobre qué vas a escribir (y II)

El ejercicio afina la mente: cuantas más historias inventes más acudirán a ti pues se produce una percepción especial, un afinamiento de la sensibilidad que nos lleva a toparnos con ellas cada vez con más frecuencia.
Una vez elegido asunto, tienes que seleccionar sus elementos. El relato no debe contarlo todo, debe ser como la vida, mostrar solo una parte, iluminar determinados aspectos, sugerir, y dejar que la inteligencia del lector haga el resto. Todavía no tienes más que el embrión. Antes de continuar, distingamos entre idea, argumento y relato propiamente dicho.
La idea no es más que un breve esbozo, que no ocupará más que una frase, de aquello que vas a contar.
El argumento es la historia a grandes rasgos, la exposición de sus etapas fundamentales eliminando todo lo superfluo. Es el esqueleto de la historia, aquello que la consolida unificando cada una de sus partes,
Al desarrollarlo obtendrás el relato. Pero haber ideado un argumento no garantiza que el proyecto llegue a término. A veces, sin embargo, una simple impresión, el detalle más insignificante, puede conducirte hasta el desenlace narrativo sin que tuvieses ese propósito al empezar. Por otra parte, la misma idea, incluso el mismo argumento, puede dar lugar a dos relatos que no tengan absolutamente nada en común.
Tienes que eliminar las digresiones: todos los elementos de tu relato han de estar al servicio del argumento, cooperando entre ellos en el alcance de la conclusión final.

LA HISTORIA INTERESANTE
Vladimir Kush - Atlas
Algunos días te sentirás realmente inspirado, estarás deseando que llegue el momento de ponerte ante la hoja en blanco y es muy probable que lo que finalmente surja sea sorprendente y alentador. Entonces pensarás que atraviesas una racha fértil. Pero no siempre ocurre así, en ocasiones el miedo asoma y paraliza al escritor. Cuando esto ocurre, cada vez le cuesta más enfrentarse al hecho de escribir, lo aplaza y lo aplaza por temor a descubrir que no sabe sacar adelante un proyecto o, lo que es peor, que, a pesar de su vocación, la capacidad de escribir novelas y relatos se ha perdido o simplemente no existe.
Existen métodos de desbloqueo narrativo, por ejemplo, ponerte a escribir cualquier cosa sobre la marcha –sin propósito previo ni grandes expectativas–para descubrir qué es lo que quieres contar, cual es el tema sobre el que verdaderamente te interesa escribir. Es probable que no obtengas una obra de arte pero puede que acabes encontrando el caudal de las historias futuras y aprenderás si lo que te interesa es real o imaginario, concreto o abstracto, externo o interno, ajeno o personal; cuáles son tus temas recurrentes, o cual es ese tema que necesitas sacar afuera porque te está impidiendo la formación de otras historias. De cualquier forma, siempre servirá de calentamiento y dará como resultado un material en el que encontrarás, con toda seguridad, hallazgos aprovechables.
Para que puedas llevar una idea a buen término primero tiene que apasionarte. En segundo lugar, tienes que ser capaz de darle vida: no todo lo que nos interesa es apto para ser escrito, hay historias que estaríamos encantados de leer o ver en una película, pero que nacerían muertas si intentásemos desarrollarlas pues realmente nos resultan ajenas. Se trata de argumentos exóticos que se eligen buscando originalidad pero cuyo brillo es artificial y vacuo.
Finalmente, tras muchos intentos, aparece el argumento que buscabas, y entonces surge un nuevo problema, ¿cómo sacarlo adelante? Para tal contenido, ¿cuál es la forma ideal?

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